LA EMIGRACIÓN ACTUAL HACIA ESPAÑA. CUESTIONES A RESOLVER

España registra en los últimos días un notorio aumento de llegadas de inmigrantes a las costas canarias. Muchos de ellos alcanzan suelo europeo sin un pasaporte o documento válido que les permita una estancia justificada (al menos en lo más básico), con el consiguiente problema para las autoridades de nuestro país.

El Gobierno de Sánchez tomó la decisión de crear campamentos temporales en los cuales se pudiesen retener el movimiento de éstas personas y limitarlo al suelo del archipiélago. Con mayor o menor fortuna (muchos de ellos lograron embarcar en aviones con destino a la península), el <<confinamiento forzoso>> de estos afectados ha terminado provocando inseguridad y miedo entre la población local de las islas.

Ante ésta situación, cabe reflexionar. ¿Es sostenible ésta situación? ¿Se puede continuar con la misma política que la de hace más de treinta años para un drama como el que se espera? Está claro que no. La situación española (y menos ahora) no invita al optimismo; a los problemas endémicos del país (paro, escasas ayudas…) se le añaden los propios de una pandemia que amenaza con hacer caer el PIB nacional en más del veinte por ciento.

Una situación, sin duda, alarmante. No obstante, cargar contra el emigrante que (en muchos casos) busca una salida para su situación personal (en bastantes ocasiones crónica) desesperada, tampoco es la solución a ésta crisis que amenaza con empeorar.

Cabe decir que la migración es un derecho reconocido por la ONU. Pero los países también deben ajustarse a su realidad económica diaria. España no puede soportar con su economía un volumen masivo de personas que pueda desequilibrar la (débil) balanza de los presupuestos generales. No basta con trabajar; hay que cotizar y dar al estado lo correspondiente para que el Tesoro se equilibre. Las condiciones de éstas personas suelen ser muy malas (contratos precarios, pagos en negro…) y no ayudan a que la situación nacional pueda mejorar.

Por la parte de los emigrantes, es completamente comprensible que quieran mejorar su nivel de vida. Occidente tiene mucho para dar a los países del Sur (que estos no perciben jamás) y eso no puede continuar. Hay que relajar la presión de la deuda externa, colaborar con las autoridades locales de cada nación africana afectada a que destinen posibles ayudas internacionales a fomentar el sector público y su industria y establecer tratados migratorios firmes con dichos países para que la policía vigile el movimiento de éstas personas.

De tal forma que quien no pueda encontrar trabajo en su país, pueda emigrar de forma legal a las naciones europeas para probar suerte. No se trata de racismo (el color de piel no debe ser relevante para nada), sino de seguridad y control presupuestario.

La cuestión es… ¿No podría Europa (incluida Francia) negociar y arreglar acuerdos con éstos países? ¿Por qué no se buscan puntos en común para establecer una agenda de migraciones coherente?

No solucionamos nada en más de cuarenta años con éstas políticas. Las naciones de África necesitan la ayuda de Europa, pero de una forma estructurada. Si el dinero acaba en manos inesperadas, no se podrá solucionar ni la pobreza, ni la emigración sorpresiva y todo volverá al punto de partida.

Europa debe reunirse en consejo y empezar a debatir ésta cuestión. No sólo entre nosotros, sino también con las organizaciones africanas correspondientes. El asunto está en suponer si se hará al final… o no.

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